La hermandad se funda en 1984, año de la Redención, advocación que se le da al Cristo. Desde sus inicios, la cofradía cuenta con el impulso de los costaleros de María Auxiliadora y que eran antiguos alumnos del colegio de los Salesianos. En 1986 se une a la hermandad la Virgen de la Salud, teniendo siempre como gran devoto y promotor de su advocación el sacerdote salesiano don Rafael Soldevilla. En 1990 pasa a procesionar el Jueves Santo pese a haberlo hecho el Martes y el Miércoles Santos en años anteriores.
El Cristo de la Redención es obra de Antonio Díaz Fernández en 1984.
muestra la cabeza profundamente inclinada, los ojos semicerrados y la larga cabellera resuelta en lacios mechones, cubriendo uno de ellos parcialmente la ceja izquierda. La corona de espinas es superpuesta y gran parte de la barba, también larga, reposa sobre el pecho del Varón. La nariz es larga y afilada, y la boca, entreabierta, muestra la dentadura y la lengua talladas. La anatomía es severa y enjuta, con la caja torácica resaltada, los brazos colgantes del travesaño, las manos abiertas y los dedos separados. El perizoma, de gran longitud, es cordífero, dejando al descubierto el costado izquierdo y fijándose al madero por el clavo que traspasa los pies. Se halla crucificado por tres clavos, montado el pie derecho sobre el izquierdo. Las carnaciones son pálidas y limpias, mostrando un escaso número de heridas y regueros de sangre. Carece de exorno.
Nuestra Señora de la Salud es obra de Antonio Díaz Fernández de 1986.
La imagen actual obedece a la profunda intervención llevada a cabo por el veleño Israel Cornejo (2007), resanando la madera, remodelando su fisonomía, labrando nuevas manos, brazos y candelero, y policromándola de nuevo.
Conserva los ojos de vidrio colocados en su momento por Antonio Díaz Fernández y el detalle de las cuatro lágrimas surcando su rostro, aunque éstas últimas son de nueva factura y se le ha añadido una. Por lo demás, muestra las cejas y las pestañas inferiores pinceladas pelo a pelo; finas pestañas de pelo natural en los párpados superiores, ahora más perfilados; los labios más abiertos y anatomizados en su interior; y los músculos del cuello acentuados para simular los efectos del llanto, algo que también se refleja en las rojeces del rostro, lo que atenúa un tanto la extrema palidez de la figura. La cabeza, ligeramente inclinada hacia el lado derecho, queda enmarcada por una cabellera esculpida en la madera, sesgada al centro y organizada en abocetados mechones. Las nuevas manos se hallan también abiertas para sostener el manípulo y el santo rosario.
Procesiona las calles de Granada ej jueves santo por la tarde