“Pasa, incesante, el agua, mansa y verde.
Yo, ensimismado, pienso: Guadiana...
Mas no puedo fijar el bello nombre
al agua fugitiva, que se escapa;
porque el agua lo arrastra, fatalmente,
a la avidez del monstruo que le aguarda”.
Guadiana, bello nombre. Los romanos lo llamaron Flumen Ana (río Anas), y los árabes Uadi Ana (también río Anas), de ahí su nombre tal y como hoy se conoce.
El Guadiana es uno de los ríos más largos de la península Ibérica, con 744 metros de longitud. Aún no hay exactitud a la hora de precisar el punto concreto de su nacimiento, si bien queda claro que nace de una cabecera formada por ríos, arroyos y acuíferos. En su curso alto, debido al roquedo calizo, sus aguas desaparecen, por filtraciones, en algunos tramos. Este fenómeno ha pasado a la tradición popular (“aparece y desaparece como el Guadiana”) para hacer referencia a algo que ocurre a intervalos irregulares o cuando alguien o algo desaparece y reaparece sin avisar.
Vamos a centrarnos en su curso bajo, principalmente en su desembocadura.
Al llegar a Badajoz, el recorrido este-oeste del río cambia en sentido norte-sur, hasta el final, hasta su desembocadura. En este tramo, el Guadiana hace frontera entre España y Portugal en numerosos puntos.
Antes de llegar a su desembocadura, el río Guadiana deja a la derecha la Reserva Natural de Sapal de Castro Marim, cerca de dicha localidad portuguesa. Poco después atraviesa el puente internacional del Guadiana, inaugurado en 1.991, que une las localidades de Ayamonte y Castro Marim. Junto a este puente, en el margen izquierdo del río, resulta sorprendente observar una macro urbanización con sus obras totalmente paralizadas por la “crisis del ladrillo”. El proyecto de “Costa Esuri”, en el término municipal de Ayamonte, estaba diseñado para albergar 20.000 personas; se ha quedado en una ciudad fantasma, (la volaremos).
La cuenca baja del Guadiana está formada por rocas metamórficas de pizarra, originadas en el Carbonífero Inferior (Era Primaria o Paleozoica). En los últimos 5 kilómetros, a partir de Castro Marim y Ayamonte, estos materiales dejan paso a una amplia planicie de marismas.
Antes de su desembocadura, parte de su caudal se abre camino por la Reserva Natural del Sapal de Castro Marim y Vila Real de Santo Antonio (de este último municipio sorprenderemos con algún vuelo de ensueño), configurándose un brazo de agua que da lugar a diferentes marismas, conectadas entre sí.
La parte española de esta zona húmeda, que se extiende más allá del Guadiana, hasta la ría Carreras en Isla Cristina, se encuentra protegida como Paraje Natural de las Marismas de Isla Cristina, presentando una compleja red de esteros, caños y canales que ya volamos: https://www.youtube.com/watch?v=-tKjjNGN5DA
https://www.youtube.com/watch?v=sLaNNQDO9Po
Llegamos a la desembocadura, a la fusión del río con el mar salado. En una orilla Vila Real de Santo Antonio, en la otra Ayamonte; un kilómetro de anchura de río y abundante caudal. Ambos son testigos vitalicios de este gran evento.
La desembocadura consiste en un largo y estrecho estuario. En su área frontal se desarrolla un extenso delta sumergido, constituido por las amplias plataformas de batida sumergidas que se conocen localmente como “la Gola”.
El canal estuarino está dominado por el enfrentamiento dinámico entre la corriente fluvial y las mareas, produciendo un proceso de mezcla de aguas, responsable de la sedimentación de material fino, además de una descarga del material arenoso transportado en carga de fondo.
Los bajos arenosos (la Gola) están controlados al haberse encauzado las mareas artificialmente mediante dos espigones.
La sedimentación va aterrando la desembocadura, originando barras de arena en el fondo marino. Por ello, cada cierto tiempo hay que dragar la zona para facilitar la navegación, tanto de barcos pesqueros como de las embarcaciones de recreo, principalmente los que se dirigen a los puertos españoles de Ayamonte y Sanlúcar de Guadiana, y a los portugueses de Vila Real de Santo Antonio y Alcoutim (el Guadiana es navegable unos 70 kilómetros).
Fue un vuelo difícil por las corrientes de aire que se estabilizan en la zona de la desembocadura. Con tesón y paciencia pudimos volar con suavidad y bañarnos en las cálidas playas de la otra parte del Océano Atlántico tan "lejana" para nosotros: Portugal, nuestra vecina y gran desconocida, la bonita Portugal.
Rafa sujetó el timón de la nave y el vuelo resultó espectacular.
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